Mi propio proceso de escritura
“Y he aquí que los años
han pasado y hemos
vivido y olvidado tanto, pero esos pequeños, insignificantes
cuentos, esos granos de arena en el inmenso mar de la
literatura siguen ahí latiendo en nosotros”.
Julio Cortázar
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| foto:a.b. |
En uno de los escritos de María
Teresa Andruetto leí que un pueblo africano tenia una manera muy original de
finalizar los cuentos, y yo diría que
para las culturas que yo conozco, era novedoso; ella cuenta que cuando un
narrador llegaba al final de un cuento, ponía su palma en el suelo y decía: “aquí
dejo mi historia para que otro la lleve”. Inmediatamente después de leer
esto me trasladé en el tiempo pensando en mis recuerdos, en cuántas veces conté
historias que yo pensaba que habían quedado allí, en ese lugar, en esa sala, en
ese jardín; pero no…si todos pudiéramos ponernos en la cabeza de nuestros
oyentes, sobretodo los niños, a quienes les contamos nuestras historias,
nuestras anécdotas, descubriríamos ¡cuántos finales fueron un comienzo!, quien
sabe cuántas fantasías que los chicos pensaban y trasladaban al interior de su
mundo imaginario.
Hace algunos años les conté el cuento
de “Monigote en la arena” de Laura Devetach, cuánta fantasía y cuánta realidad junta,
la propia vida dibujada diría yo; la vida que se queda y la vida que se
va….pero porqué no intentar vivirla con todas las ganas, con todas las
intenciones de una aventura cada día.
Como ese monigote que decidió jugar dejando de lado el miedo al intento,
el miedo a permanecer eternamente; no importa dijo: “Juguemos, y si me borro, por lo menos me borraré jugando”. El intentarlo cada día, una oportunidad, con
cada ocasión de probarnos que podemos enseñar y aprender; acercarlos a la literatura, a la realidad y a la fantasía,
donde a través de imágenes, sonidos,
pueden identificarse con las historias de su propia realidad, enfrentar sus
miedos y sus conflictos; expresar sus sentimientos y sus propios pensamientos
en un texto escrito, abre las puertas de la imaginación, permite el crecimiento
personal y la libertad de crear. Como dice Graciela Montes “Si se trata de ayudar a construir lectores…”, todos podemos escribir lo
que nos nazca desde adentro desde nuestro corazón, “…somos todos constructores de sentido. Y, si nos dan la palabra, todos
podemos sentirnos, al menos por un rato, el dueño del cuento”.
Durante la realización del trabajo pude
experimentar miles de sensaciones, recuerdos del pasado y cosas que me imaginé
para el futuro; como pensar en que “el camino lector” era nada mas y nada menos
que una construcción personal de todo lo que escribimos a lo largo de nuestra
vida, descubrir que podía volver a escribir, como hacía… ¡tanto tiempo atrás!
cuando me expresaba en un poema un día nublado o de lluvia; esos días me
inspiraban para dejar mi corazón en unas pocas líneas con tinta azul. Y siempre los soles y las arenas doradas
giraban como bailarines entre las líneas del papel rompiendo con semejante
contradicción en un día de tormenta.
El
paso del jardín a la escuela primaria es un gran cambio, por eso como
educadores tenemos la obligación de ayudarlos a cruzar ese puente, hacer de
cuenta que es una gran rama de un frondoso árbol que va desde el patio del
jardín hasta el patio de la escuela. Con todas las herramientas, para que no
duela, para que no se quiebre, para que cuando lleguen sigan jugando como ese
monigote que “jugó y jugó en medio de una
ronda dorada y rió hasta el cielo con su voz de castañuela. Y mientras se
borraba siguió riendo, hasta que toda la arena fue una risa que juega a cambiar
de colores cuando la sopla el viento”. (Laura Devetach) 
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